Recordando al Río Lempa

Documentos desclasificados del gobierno de los EE.UU. revelan que oficiales estadounidenses estaban enterados de una matanza de civiles en el río Lempa en marzo de 1981.

Hoy, el 17 de marzo de 2016, es el 35 aniversario de la masacre del río Lempa, una de las incontables matanzas del conflicto armado de El Salvador que no han sido bien investigadas. En conmemoración de las víctimas, en solidaridad con los sobrevivientes, y con el propósito de contribuir a la consolidación de la memoria histórica de los crímenes contra la humanidad perpetrados durante el conflicto armado salvadoreño, el Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Washington publica hoy seis documentos del gobierno de los EE.UU. recientemente desclasificados que dan información sobre esta masacre. Los documentos revelan que:

  • Los oficiales estadounidenses estaban enterados de la matanza de civiles en el río Lempa ejecutada por las fuerzas del estado; no estuvieron en desacuerdo con los hechos reportados por periodistas y grupos de derechos humanos, ni disputaron la responsabilidad de las fuerzas salvadoreñas por estas muertes. Sin embargo, sí objetaron al uso del término “masacre” para describirlas.
  • Los oficiales estadounidenses y salvadoreños estaban más preocupados con la forma en que los simpatizantes de la guerrilla manipulaban estas versiones con fines políticos que con evitar que los hechos se repitieran.

Estos hallazgos no contradicen lo que ya se sabe sobre las reacciones de oficiales estadounidenses a otras atrocidades del conflicto salvadoreño. De hecho, coinciden con las conclusiones del reportaje de Mark Danner sobre el encubrimiento de la masacre de El Mozote, en el que oficiales estadounidenses fingieron hacer una investigación e intentaron activamente negar la existencia de lo que hoy se considera la masacre más mortífera de la historia de las Américas. Es interesante que los documentos tienen un tono ligeramente distinto al de otros recientemente publicados sobre la masacre de La Quesera ocurrida en octubre de 1981; en este caso los oficiales estadounidenses consideraron (a puertas cerradas) que las atrocidades eran creíbles, si bien siguieron proporcionando públicamente asistencia al régimen salvadoreño. En su conjunto, los documentos revelan una preocupante autocomplacencia frente a la evidencia de matanzas de civiles, intencionales y de gran escala, por parte de agentes de contrainsurgencia.

Estos documentos fueron facilitados a UWCHR en respuesta a solicitudes presentadas bajo leyes federales de los EE.UU. Además de los documentos mismos, nuestro análisis se basa en documentos relativos a la masacre. Esta evidencia incluye un testimonio filmado por periodistas en las semanas siguientes a los hechos, testimonios escritos por los sobrevivientes, y entrevistas en persona con sobrevivientes y testigos en Santa Marta y los Estados Unidos, así como informes provistos por periodistas y trabajadores de derechos humanos durante la guerra.

El Contexto

La matanza de marzo de 1981 en el Río Lempa tuvo lugar durante un período de creciente violencia en zonas rurales de El Salvador; para los sobrevivientes, constituye un momento decisivo de la guerra. El 10 de enero los guerrilleros del FMLN iniciaron su “ofensiva final”, lo que desató el combate activo en varias zonas del país. En 1980 había habido brutal represión de los movimientos de protesta urbanos y rurales; si bien ya había violencia selectiva, pero continuada, contra simpatizante de la guerrilla, las matanzas a gran escala eran todavía poco comunes. De hecho, antes de la matanza en el Río Lempa en marzo de 1981, la masacre de mayo de 1980 de unas 600 personas en el Río Sumpul era el único ejemplo conocido de estas tácticas.

Según notas periodísticas en los medios de El Salvador que citan fuentes oficiales[1], a partir del 7 de marzo de 1981 los militares salvadoreños lanzaron una serie de operativos en todo el territorio nacional mediante el empleo de helicópteros Huey recién llegados desde los Estados Unidos. Se informó que se usaron bombardeos, ataques de mortero y de howitzer para castigar zonas de apoyo de los insurgentes en Suchitoto, Arcatao, San Miguel, Las Vueltas, Conchagua y otras áreas. Se informó de un tiroteo en el municipio de Villa Victoria, Cabañas, que comenzó en la madrugada del 15 de marzo y en el que participaron el Segundo Destacamento Militar de Sensuntepeque, así como refuerzos provenientes de otros destacamentos y de la Fuerza Aérea[2].

Para ese momento del conflicto, los miembros de la comunidad ya conocían bien el patrón de acoso, especialmente a catequistas, activistas comunitarios y otras personas que apoyaban activamente a la incipiente guerrilla. Como explica una sobreviviente, María Isidora Leiva, en el testimonio jurado presentado ante la Fiscalía General de la República en 2013:

“Para el tiempo del conflicto armado tuvimos que salir huyendo por el acoso de los militares del destacamento militar número dos de Sensuntepeque, que realizaban operativos en la zona que se fueron intensificando en 1980. …atacando los caseríos cercanos que eran poblados por personas de escasos recursos como nosotros, quemando casas, asesinando a las personas, robando lo que podían llevarse consigo, persiguiendo a quienes huíamos de esa barbarie, que era una forma de represión para todas las personas que comenzaban a organizarse para reclamar por las justicias sociales que se estaban cometiendo en el país en ese momento.”

Los residentes aprendieron a huir de las tropas en “guindas”; escapaban a pie y se refugiaban en el monte —a menudo por días o semanas— hasta que hubiera pasado el peligro. Al principio sólo los hombres tenían que huir, porque a diferencia de las mujeres, ellos eran sospechosos de ayudar a la guerrilla. Sin embargo, a medida que el conflicto se profundizaba, la mujeres también fueron afectadas[3]. La invasión de marzo de 1981 marcó un capítulo aún más peligroso, ya que eran tantos los soldados que llegaron, que ya no bastaba refugiarse en las colinas.

Consecuentemente, el 17 de marzo, después de dos días de ataques aéreos y terrestres, muchos de los campesinos que huían se reunieron cerca de la aldea de Peñas Blancas, en el Municipio de Victoria, Cabañas, donde los guerrilleros se ofrecieron a acompañarlos a la frontera con Honduras. El primer grupo llegó al Río Lempa —que separa las dos naciones— cerca de un sitio conocido como Piedras Coloradas, en la madrugada del 18 de marzo. Pero el río, con una profundidad de 8 a 15 metros, y de 10 metros de ancho, presentaba una dificultad hasta para los que sabían nadar bien. Para muchos de los que llegaron a sus orillas, exhaustos por días de correr, parecía imposible de cruzar. Las fotografías que los representantes de la guerrilla les dieron a los periodistas muestran miles de personas congregadas en la orilla. Estas fotos fueron reproducidos en el documental “In the Name of the People” (“En nombre del pueblo”), nominado para un premio Oscar en 1985. Un fotoreportaje sobre la masacre también fue publicado el 17 de abril de 1981 en el periódico francés Paris Match.

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Personas se congregan a orillas del Río Lempa. Foto del documental “In the Name of the People” (1985).

A lo largo del día llegaron tropas a la escena —a ambos lados de la frontera entre El Salvador y Honduras— y dispararon a los campesinos que intentaban cruzar. Se informó que un helicóptero y dos aviones sobrevolaron y abrieron fuego repetidamente hacia el río. En el caos, muchísimas personas fueron arrastradas por la fuerte corriente río abajo; algunos murieron por heridas de bala, y otros ahogados.

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Aviones sobrevuelan el Río Lemap. Foto del documental “In the Name of the People” (1985).

Dice María Isidora Leiva:

“Recuerdo que era un 18 de marzo; nos concentramos en Peñas Blancas, población civil de todos los cantones y caseríos de Cabañas para huir hacia Honduras. Éramos unas 6000 personas. Mi mamá se encontraba bastante mal y necesitaba de mí. La orientación que nos daban era que teníamos que ayudar a los ancianos/as, niños/as, mujeres embarazadas y a los heridos/as que ya eran varios porque el ejército venía detrás de nosotros y la orden que traían era aniquilarnos a todos o llevarnos hasta el Río Lempa para que ahí muriéramos ahogados. Los helicópteros también andaban ametrallando la zona. El ejército ya estaba cerca y los balazos zumbaban. Nos orillaron al Lempa y nos lanzamos al río obligados, pudiendo nadar o no. Los que sí nadaban buscaron palos, varas de bambú para pasar la gente y también pusieron un lazo de un lado a otro para ayudarnos, pero muchos se cansaban a medio camino y se ahogaban. Yo podía nadar un poquito, [pero] justo cuando llegué al otro lado estalló una granada. Yo pensé que ese era el último día de mi vida. Murieron muchos ese día, no sé cuántos, pero fueron cientos de compañeros/as, niños/as y ancianos/as.” [4]

Como informó el New York Times en junio de 1981:

“La matanza del Río Lempa el 17 de marzo, a cuatro millas de aquí, ocurrió a la vista de médicos, sacerdotes, trabajadores de asistencia y refugiados sobrevivientes que ahora están alojados en tres campamentos en esta aldea llena de lodo. Las víctimas de los ataques fueron principalmente mujeres, niños y ancianos que cruzaban el río. El piloto del helicóptero salvadoreño no podía pensar que eran guerrilleros, ya que volaba tan bajo que los testigos dicen que podían verle la cara.” [5]

El periódico calculó que hubo unos 200 muertos, un número repetido más adelante por otras fuentes; es imposible llegar a una cifra más exacta porque el río se llevó los cadáveres.

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Personas intentan cruzar el Río Lempa. Foto del documental “In the Name of the People” (1985).

En una entrevista con UWCHR en 2014, Yvonne Dilling, una enfermera estadounidense que trabajaba en ese momento con refugiados salvadoreños en Honduras, confirmó que había visto el cruce del 18 de marzo porque había ido al río con los religiosos de los campamentos humanitarios para ayudar a la gente a cruzar; ella cargó a sus espaldas a numerosos niños. Dilling describe la escena en su libro titulado In Search of Refuge (En busca de refugio):

“El helicóptero bajó en picada una y otra vez. Esta vez mucha gente se había quedado en el río. En vez de correr por la orilla, saltaron al agua y se aferraron a una roca de lava. Cada vez que el helicóptero descendía, ellos se sumergían en el agua. El soldado del helicóptero estaba increíblemente concentrado en matar gente. Una y otra vez hizo fuego con la ametralladora a apenas unos centímetros de la gente en el agua. Una vez bajó tanto que casi toca los árboles sobre nosotros. Un niño murió. Lo vi saltar al agua con un arco de heridas de bala en la espalda. Movía los brazos tratando de nadar, mientras la sangre le chorreaba por la espalda. Luego el agua se lo llevó río abajo.” [6]

El periodista estadounidense Alex Dressler llegó a la escena al día siguiente con el Padre Fausto Milla, un sacerdote hondureño. En una entrevista con UWCHR en 2013, describió el olor de los cadáveres en putrefacción, un perro que comía el cadáver de una niñita, y el descubrimiento de un niño con lesiones que le impedían moverse.

“La gente dijo que hubo por lo menos 200 muertos. Yo documenté sólo 50 muertes que pude corroborar con varias fuentes, así que estoy seguro de que mataron a por lo menos ese número, y probablemente a muchos más. La mayoría de la gente estaba segura de que el total era superior a 200. Era toda gente que venía de Cabañas, Santa Marta y aldeas de por ahí. Los militares atacaban con la táctica de yunque y martillo las aldeas controladas por la guerrilla. …Era obvio que la gente apoyaba a la guerrilla por cómo hablaban de ellos. … La gente del área de Santa Marta los llamaba compañeros y hablaban de ellos como protegiéndolos. Los campesinos con quienes hablé no estaban armados en absoluto, no eran combatientes. En áreas controladas por la guerrilla, el acceso a armas está muy restringido y no es común que los civiles tengan armas de ningún tipo. Estoy seguro de que todas esas personas eran civiles no armados. Eran de todas las edades, y había muchas mujeres y niños.” [7]

Lee una declaración escrita por Alex Dressler en 2016 sobre la experiencia de documentar el lugar de la masacre del Río Lempa, y ver el documental In the Name of the People (En nombre del pueblo), dirigido por Frank Cristopher y producido por Dressler.

Dressler fue el primero en reportar la matanza; lo hizo en un artículo del San Diego Union Tribune. Pero el New York Times [8], el Los Angeles Times[9], y el San Francisco Chronicle[10] también cubrieron la matanza, citando entrevistas con sobrevivientes salvadoreños y trabajadores de asistencia internacional que fueron testigos de los ataques. El LA Times también citó al director de la oficina hondureña de ACNUR, Charles-Henry Bazoche, quien confirmó que “un helicóptero salvadoreño ametralló a los refugiados mientras intentaban entrar al país” [11]. Organizaciones de derechos humanos, desde Amnistía Internacional [12] hasta el Grupo de Trabajo para Asuntos Latinoamericanos (LAWG, por sus siglas en inglés), también reportaron la matanza. En un boletín de junio LAWG reportó que “el 15 de marzo los militares salvadoreños, con una fuerza de 1500 soldados y miembros de ORDEN, rodearon nueve aldeas controladas por insurgentes en la provincia de Cabañas. Cuando comenzó el ataque había aproximadamente 10 000 civiles. Después de tres días de enfrentamientos, las unidades guerrilleras lograron romper el cerco del gobierno. Antes de replegarse, los insurgentes organizaron la evacuación de unos 7000 a 8000 mujeres, niños y ancianos. Cuando estos refugiados intentaron cruzar el Río Lempa hacia Honduras, dos aviones caza salvadoreños y un helicóptero provisto por los EE.UU. los bombardearon mientras las tropas de tierra hondureñas y salvadoreñas disparaban desde ambos lados del río. Por lo menos 50 personas se ahogaron o fueron muertas por impactos directos antes de lograr ponerse a salvo.”[13] En 1993 la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas concluyó que se reportaron entre 20 y 30 muertos y 189 desaparecidos durante los sucesos del 17 y 18 de marzo de 1981 en el Río Lempa. [14]

Desgraciadamente, esta fue la primera de una serie de masacres sufridas por comunidades en el municipio de Victoria. UWCHR también ha investigado la masacre de noviembre de 1981 en Santa Cruz, que afectó a muchos de los mismos individuos y familias. Hoy, muchos de los sobrevivientes viven en la comunidad de Santa Marta, Cabañas, y han participando en la demanda por una investigación judicial de estas masacres. En 2013, Dolores Bonilla y Concepción López presentaron demandas criminales a la Fiscalía General de la República, el organismo de investigación del sistema jurídico de El Salvador. Hasta la fecha no ha habido avances significativos en estos casos.

Los documentos desclasificados

Los seis documentos estadounidenses relativos a la masacre, recientemente desclasificados, permiten vislumbrar la política de los EE.UU. hacia El Salvador en un momento crítico cuando el conflicto se intensificaba. Cuando los reportes sobre las matanzas en el río aparecieron en las noticias, el equipo de Reagan en la embajada en San Salvador todavía no estaba establecido[15]; este hecho podría explicar la escasez de comentarios de la embajada sobre la masacre. Pero los asuntos en juego eran prioritarios para el gobierno: después de la campaña guerrillera, el Presidente Carter reanudó la asistencia militar a El Salvador a pesar de que ésta fuera suspendida anteriormente por razones de derechos humanos. En los primeros días del gobierno de Reagan, se intentó de diversas formas aumentar el volumen y el alcance de la asistencia. Después de anunciar 20 millones de dólares adicionales en asistencia militar de emergencia para El Salvador[16], en una conferencia de prensa Reagan insistió en que este auxilio “ayuda a las fuerzas que apoyan los derechos humanos”[17]. El mismo día que los trabajadores de asistencia recogían cadáveres del río después de la masacre, el Secretario de Estado Alexander Haig solicitó más fondos para El Salvador y testificó ante el Congreso que el régimen salvadoreño estaba comprometido con el apoyo de los derechos humanos[18].

En este contexto, se desprenden de los documentos varias observaciones. En primer lugar, los documentos muestran que los diplomáticos en San Salvador y Tegucigalpa reconocieron que había habido una matanza de civiles en el río. De hecho, los documentos corroboran las versiones de los hechos dadas por sobrevivientes —con la notable excepción de la violencia perpetrada por las fuerzas hondureñas, que ha sido negada reiteradamente por la Embajada de los Estados Unidos en Tegucigalpa. Por ejemplo, el C05655047 (ver traducción) un cable del mes de marzo titulado “Presunta nueva masacre de refugiados”, contenía la confirmación del director local de ACNUR de que helicópteros de combate habían disparado a los refugiados, como informa el LA Times. Un documento posterior resumió los hechos así:

“El incidente del Río Lempa ocurrió en marzo de 1981. Cuatro a cinco mil civiles salvadoreños se vieron atrapados en una operación de rastreo y, con las fuerzas guerrilleras aparentemente cubriendo su movimiento, fueron empujados hacia la frontera perseguidos por helicópteros, aviones de vigilancia y unidades terrestres salvadoreños. Las fuerzas salvadoreñas les dispararon mientras intentaban cruzar el Río Lempa hacia Honduras. …Se reportó que se encontraron ocho cadáveres en la orilla hondureña del Lempa, pero se desconocen las circunstancias de sus muertes. No se conoce el número de muertos en el lado salvadoreño. … Las acusaciones contra los militares hondureños son en gran parte o totalmente infundadas; los cargos contra las fuerzas salvadoreñas podrían no carecer de fundamento.”

En segundo lugar, aunque parece haber pocas dudas de que las fuerzas salvadoreñas dispararon contra civiles que huían, los oficiales estadounidenses parecen notablemente tranquilos con este hecho —algo sumamente sorprendente, si se piensa que la asistencia a El Salvador había sido suspendida apenas unos meses antes por motivos de derechos humanos. Esto podría explicarse por la suposición —que no se hizo explícita sino hasta más adelante en la guerra— de que estos civiles provenían de áreas que apoyaban a los guerrilleros, por lo que eran un objetivo militar legítimo (si bien estas prácticas están estrictamente prohibidas por las leyes humanitarias internacionales). Por ejemplo, el cable C05655047 (ver traducción) señala que el “incidente parece reflejar los recientes operativos del gobierno de El Salvador para eliminar los bastiones de la guerrilla en los departamentos vecinos de Chalatenango y Cabañas. No hay dudas de que los operativos se realizaron hasta la frontera y posiblemente incluso más allá de la frontera hondureña. [Texto censurado] respuesta de la Coordinadora, que es la sección de propaganda política controlada por la guerrilla, indica que los militares salvadoreños tuvieron bastante éxito.” Llama la atención el uso del término “éxito” y la aparente falta de interés por las vidas de los civiles como respuesta a los informes de las atrocidades.

Asimismo, los documentos contienen fuertes objeciones al uso de la palabra “masacre” para describir estos hechos (y también la masacre previa en el Río Sumpúl en mayo de 1980). Aunque las muertes no son objeto de disputa, su descripción de esa forma se considera propaganda política guerrillera. El C05655046 (ver traducción) un cable de la Embajada de EE.UU. en San Salvador, fechado 27 de marzo y titulado “Presunta masacre de refugiados”, reporta la respuesta de los oficiales militares salvadoreños al artículo de Dressler, e incluye el argumento de que “muchos periodistas extranjeros engañan a sus lectores, radioyentes y televidentes (sic) para justificar quedarse en in El Salvador”. El mismo documento hace referencia a los comentarios de un miembro estadounidense del equipo de observación de la OEA, cuyas preguntas sobre la masacre en una visita posterior al campamento de refugiados “no logró generar observaciones sobre la dramática ‘masacre'”. Las observaciones finales del autor sobre este tema siguen estando clasificadas; aun 35 años después de los sucesos en cuestión, el Departamento de Estado de los EE.UU. aduce que una desclasificación completa de este cable podría comprometer los servicios de inteligencia estadounidenses.

Por último, estos documentos confirman una tendencia que hemos observado en otros documentos ya publicados por UWCHR sobre atrocidades de guerra: en una época en que los medios de comunicación salvadoreños estaban totalmente controlados por el estado, los diplomáticos estadounidenses se tomaron el trabajo de manipular la forma de reportar de periodistas extranjeros —las únicas versiones independientes de la guerra. Como se ha dicho, el Embajador provisional Chapin habla sobre las indagaciones de oficiales estadounidenses que visitaron el campamento de refugiados. Sin embargo, esta labor parece ser extraordinariamente ineficaz en comparación con la abundante información sobre el incidente recogida por reporteros y organizaciones de derechos humanos. Esta información fue documentada no sólo en los informes de la prensa estadounidense citados, sino también en los comentarios de los periodistas europeos en la primera conferencia de prensa con el Embajador Hinton el primero de junio (transcrita en el documento C05655050, ver traducción). Después de varias preguntas de reporteros, que revelaban un conocimiento detallado de la masacre del Río Lempa en marzo, Hinton les dice a los periodistas: “Me parece, damas y caballeros, que exageran las desventajas. No digo que no haya desventajas, pero me parece que están un poco exageradas. Sus conciencias les dirán cómo escriben sus informes”.

A pesar de las pruebas de violaciones de derechos humanos en El Salvador y de la complicidad del ejército hondureño, el gobierno de los EE.UU. mantuvo su apoyo militar a ambos regímenes durante toda la década de 1980. En octubre de 1981 —menos de un mes después de un cable de la Embajada de EE.UU. en Honduras que minimizaba los informes de la masacre (C05655908, ver traducción)— ocurrió la masacre de la Quesera a orillas del Río Lempa, con un presunto saldo de hasta 500 personas. Sin embargo, se calcula que durante los ocho años de la administración Reagan, se gastó un millón de dólares por día en asistencia al gobierno represivo de El Salvador.[19] El ejército hondureño (incluyendo el infame Batallón 3-16, que ‘desapareció’ a más de 184 personas) recibió un aumento notable —de 4 millones a 77 millones de dólares— en ayuda militar de los EE.UU. entre 1981 y 1985.[20] Estos documentos nos permiten ver una parte de la lógica contrainsurgente que permitió que los oficiales reconocieran el aumento en muertes de civiles a manos de fuerzas estatales, pero rechazaran a quienes denunciaban esos abusos, calificándolos como simpatizantes de la guerrilla.

Leer los documentos:

C05655047 (ver traducción)
Fecha: 25 de marzo de 1981
De: Embajada EE.UU. Tegucigalpa
A: Secretario de Estado EE.UU.
Asunto: Presunta nueva masacre de refugiados

El cable señala:

  • El funcionario local no nombrado del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados no vio signos de maltrato de refugiados en Honduras
  • Fuentes periodísticas vieron cuerpos que parecen corresponder a refugiados que huían por el río Lempa
  • Simpatizantes con la guerrilla describen el ataque como una masacre, con el propósito de hacer propaganda política
  • La acusación de maltrato de refugiados por parte de fuerzas hondureñas es falsa

C05655046 (ver traducción)
Fecha: 27 de marzo de 1981
De: Embajada EE.UU. San Salvador
A: Secretario de Estado EE.UU.
Asunto: Presunta masacre de refugiados

Cable sobre:

  • Informe de prensa en el que las Fuerzas Armadas salvadoreñas niegan una “presunta masacre” en el río Lempa y sugieren que los periodistas extranjeros están engañando al público para justificar quedarse en El Salvador.
  • Un observador no nombrado de la OEA, cuya visita a La Virtud el 25 de marzo “no logró generar observaciones sobre una dramática ‘masacre'”.

C05655049 (ver traducción)
Fecha: 21 de abril de 1981
De: Embajada EE.UU. San Salvador
A: Secretario de Estado EE.UU.
Asunto: Cooperación del gobierno de los EE.UU. en la vigilancia de la frontera entre El Salvador y Honduras

El cable trata problemas de seguridad relativos a la asistencia de los EE.UU. en el trazado de mapas de la frontera entre El Salvador y Honduras. Expresa dudas de que las áreas a lo largo de la frontera donde circulan los “informes sobre atrocidades” como el río Lempa, sean suficientemente seguras para que helicópteros del ejército de los EE.UU. realicen operativos de reconocimiento terrestres.

C05655048 (ver traducción)
Fecha: 17 de junio de 1981
De: Embajada EE.UU. Tegucigalpa
A: Secretario de Estado EE.UU.
Asunto: Visita de funcionarios del Departamento de Estado relativa a asuntos de refugiados

Cable sobre:

  • La necesidad de reubicar refugiados salvadoreños de comunidades hondureñas a campamentos, con el fin de obtener mayor control sobre los suministros de alimentos y los movimientos.
  • La respuesta del gobierno hondureño a la inquietud del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados sobre el tratamiento de refugiados.
  • Conversación con el Coronel Gutiérrez, uno de los líderes de la junta militar, durante la cual Gutiérrez acusó a los trabajadores de asistencia del ACNUR de ser simpatizantes o de ayudar activamente a los izquierdistas.

C05655050 (ver traducción)
Fecha: 25 de junio de 1981
De: Secretario de Estado EE.UU.
Asunto: Conferencia de prensa del Embajador Hinton del 1ro de junio de 1981

Texto completo de la primera conferencia de prensa del Embajador Hinton en la Embajada estadounidense en San Salvador. Hinton, el primer designado al puesto por el gobierno de Reagan, responde preguntas de los periodistas. Explica que:

  • Washington “considera a la junta y el gobierno de El Salvador un gobierno amistoso que está siendo atacado, y los instamos que se comporten con un mínimo de excesos o abusos”.
  • Los miembros de la junta militar y el gobierno de los EE.UU. no aprueban abusos realizados por las fuerzas de seguridad.
  • La junta militar es un “gobierno con mentalidad de reforma” que se defiende contra la guerrilla y recibe el apoyo en forma de armas de los EE.UU. con ese fin.
  • Las guerrillas izquierdistas de El Salvador reciben ayuda de fuerzas gubernamentales extranjeras que intentan tomar control del país.

C05655908 (ver traducción)
Fecha: 22 de octubre de 1981
De: Embajada EE.UU. Tegucigalpa
A: Secretario de Estado EE.UU.
Asunto: Situación de refugiados en Honduras – Antecedentes

Cable sobre:

  • El “incidente” del río Sumpul; señala que las versiones de la masacre son “muy exageradas”.
  • Los militares hondureños no estuvieron involucrados en el “incidente” del río Lempa en el que las fuerzas salvadoreñas abrieron fuego a miles de civiles.
  • Esa versión del “incidente” del río Lempa es el producto de una “vigorosa campaña de desinformación” realizada por partidarios de la guerrilla.

NOTAS

[1] “Further details,” ACAN-EFE (Ciudad de Panamá) transmisión 1833 GMT, 18 de marzo de 1981, Foreign Broadcast Information Service.

[2] “Fierce Fighting in Cabañas”, El Mundo (El Salvador), 17 de marzo de 1981, p. 3, FBIS; “Army Cleanup Operation”, La Prensa Gráfica (El Salvador) 19 de marzo de 1981, p. 39, FBIS; “Army Patrol Ambushed”, ACAN-EFE (Ciudad de Panamá) transmisión 1833 GMT, 28 de marzo de 1981, FBIS; “Army Report on Cabañas”, La Prensa Gráfica (El Salvador) 18 de marzo de 1981, p. 2, 9, FBIS; “Heavy Fighting Near Honduras”, San José (Costa Rica) Radio Reloj, transmisión en español 1730 GMT 18 de marzo de 1981, FBIS.

[3] Como explicó María Isidora Leiva: “Los militares que hacían esto se hacían acompañar de hombres vestidos de civiles, a los que les decían los del ORDEN, con los que llegaban a buscar a los hombres de las casas y al no encontrarlos hostigaban a las mujeres, por lo que luego también tenían que huir las mujeres porque si no las violaban, golpeaban y las ponían a hacerles comida mientras ellos registraban casas, robaban, golpeaban, torturaban y violaban a otras mujeres y a los pocos hombres que encontraban.”

[4] Leer más extractos del testimonio de María Isidora Leiva: http://www.alges.org.sv/contando-la-historia-maria-isidora-leiva-aviles.

[5] Warren Hoge, “Slaughter in Salvador: 200 Lost in Border Massacre”, The New York Times 8 de junio de 1981.

[6] Yvonne Dilling con Ingrid Rogers. In Search of Refuge. Scottdale, PA: Herald Press. 1984. p. 47.

[7] Alex Dressler (apellido previamente escrito Drehsler), entrevista con Angelina Godoy y Mina Manuchehri, 7 de septiembre de 2013.

[8] Warren Hoge, “Slaughter in Salvador: 200 Lost in Border Massacre,” The New York Times 8 de junio de 1981.

[9] Vasquez, J. M. (1981, 2 de abril). Refugees describe attack by Salvadoran helicopters. The Los Angeles Times. p. B9.

[10] Volpendesta, D. (1985, 29 de diciembre). The Plight of the Salvador Refugees in Honduras. The San Francisco Chronicle, p. 8.

[11] Ibid.

[12] Amnistía Internacional, “Informe de Amnistía Internacional,” pp. 6-7 en Boletín Informativo Honduras. Tegucigalpa: Centro de Documentación de Honduras, Noviembre 1982.

[13] Latin America Working Group, “The War Goes On: Counter-Insurgency Tactics…?” pp. 3-4 in Central America Update, Vol II Nº 6, junio 1981.

[14] Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas para El Salvador. (1992-1993). De La Locura a La Esperanza: La Guerra De 12 Años En El Salvador: Informe de la Comisión de la Verdad para El Salvador. San Salvador, El Salvador: Editorial Arcoiris, 1993, p. 29.

[15] El Embajador Robert White había sido destituido sin más de su puesto apenas unos días después de la inauguración de Reagan en enero, y el Embajador Deane Hinton no lo remplazaría sino hasta mayo; mientras tanto, Frederic Chapin ocupó ese puesto de forma provisional.

[16] “Aid to El Salvador,” CQ Almanac, 1981. https://library.cqpress.com/cqalmanac/document.php?id=cqal81-1172150

[17] “Relatives charge Haig with ‘smearing’ slain nuns,” AP, March 20, 1981. https://news.google.com/newspapers?nid=2209&dat=19810320&id=tacrAAAAIBAJ&sjid=_vwFAAAAIBAJ&pg=6839,3849856&hl=en

[18] Es bien sabido que Haig hasta sugirió que las clérigas estadounidenses asesinadas —cuyo caso había conducido a la suspensión de la asistencia estadounidense a El Salvador— habían tratado de saltar un control de carretera y habían sido muertas en un tiroteo. Ver el artículo citado en nota 17 arriba.

[19] Sullivan, K., & Jordan, M. (2004, 10 de junio). In Central America, Reagan Remains A Polarizing Figure. The Washington Post, pp. 2. http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/articles/A29546-2004Jun9.html

[20] Kinzer, S. (2001, 20 de septiembre). Our Man in Honduras. The New York Review of Books. http://www.nybooks.com/articles/2001/09/20/our-man-in-honduras/