No podía cerrar los ojos ante la injusticia: la vida y el legado de Efraín Arévalo Ibarra
Esta es la historia de Efraín Arévalo Ibarra: un maestro, padre y sindicalista que fue “desaparecido” por el gobierno salvadoreño en noviembre de 1977. Se cuenta en colaboración entre el Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Washington y la familia Arévalo Ibarra.
Parte 1: ¿Quién fue Efraín?
Efraín Arévalo Ibarra era un hombre del campo. Nació el 19 de noviembre de 1934 en Santa Elena en el departamento de Usulután, El Salvador. Efraín fue el segundo de cinco hijos de una familia de escasos recursos. No tuvo un par de zapatos hasta los 10 años.
En aquel entonces, se decía que unas catorce familias poderosas controlaban más de la mitad de la tierra de El Salvador. En esas tierras se cultivaba café, caña de azúcar, y algodón para la exportación, bajo condiciones laborales que violaban los derechos humanos y atrapaban a las familias en ciclos de pobreza.
Efraín nació en medio de una década tumultuosa, marcada por la tragedia. En 1932, dos años antes de su nacimiento, un levantamiento indígena y campesino fue sofocado por la represión de “La Matanza”, una serie de masacres perpetradas por el ejército y fuerzas afines, cobrando la vida de más de 30.000 personas. Bajo el régimen militar, entraron intereses comerciales y políticos estadounidenses en la vida del país. La década de 1930 preparó el escenario para el siguiente medio siglo, años en los que Efraín y otros de su generación construirían unos poderosos movimientos sociales para exigir una sociedad más equitativa.
El padre de Efraín se enfermó muy joven. A sus hijos les tocó trabajar a temprana edad. La hermana mayor de Efraín formó una familia y se mudó a la capital, San Salvador. Efraín también se trasladó a San Salvador, quedándo a vivir con su hermana mientras estudiaba magisterio. Tras graduarse, fue a vivir a San Miguel, la ciudad más grande de aquel departamento
Como maestro, tenía un don natural. A Efraín le encantaban los libros, la música y el arte; siempre estaba leyendo o escuchando la radio, hambriento de información que pudiera ayudarlo a comprender el mundo. Y le encantaba compartir ideas con los demás. Aunque llegó a asumir puestos importantes –se convirtió en director de una escuela y líder sindical de la Asociación Nacional de Educadores Salvadoreños “ANDES 21 de Junio”, se reunía con ministros y políticos– siempre se mantuvo fiel a sus raíces humildes.
Por ejemplo, se vestía con ropa formal para ir al trabajo, pero siempre llevaba consigo una “matata”, una bolsa artesanal de henequén hecha a mano. Y como recuerdan sus hijas, en camino al trabajo – o a dondequiera que se dirigía – a cada rato se detenía para platicar con todos los que se le cruzaban en el camino. Desde vendedores de fruta hasta trabajadores de fábrica, siempre tenía tiempo para preguntar por sus familias y, sobre todo, para conocer sus luchas.
Su esposa, Iris Idalia, también era maestra. Juntos criaron a cuatro hijos en la ciudad de San Miguel. Fresia, una de sus hijas, recuerda a sus padres:
Pienso que ella debe haber estado preocupada por lo que iba a pasar.
Fresia![]()
Como maestro, Efraín se preocupaba por sus alumnos y alumnas. Hablaba a menudo de la injusticia que sufrían quienes no podían ir a la escuela por tener que trabajar en las cosechas de algodón o café. Veía lo lejos que tenían que caminar los estudiantes para llegar a la escuela, descalzos y muchas veces sin almuerzo. Visitaba a las familias en zonas rurales para animar a los padres y alumnos – sobre todo, a las alumnas – a seguir estudiando a pesar de estas dificultades. Pensaba que la educación les podría abrir el paso a un mejor futuro.
Era un padre exigente, pero generoso. Además de las tareas domésticas, asignaba a sus hijos sus propias tareas, más allá de las que sus maestros les ponían en la escuela. Con ellos comentaba sobre el arte, el cine, y las noticias, y les exhortaba a sus hijos a leer y explorar ideas. Se enfocaba en darles lecciones sobre injusticias sociales.
En esa familia, las regulares visitas al río para nadar se convertían en oportunidades para aprender sobre plantas y rocas volcánicas. Ir por un helado se convertía en una lección sobre la necesidad de apoyar a los vendedores de la calle en vez de comprar de las cadenas multinacionales. Un viaje al basurero Municipal ofrecía la posibilidad de ver que otras personas vivían y trabajaban en extrema pobreza.
Incluso los cuentos que Efraín les contaba a sus hijos antes de dormir eran historias que revelaban injusticias y celebraban las luchas del pueblo para alcanzar victorias colectivas.
Su papel como educador se expandió más allá de los títulos laborales y los deberes paternales.
Después de la guerra, cuando regresamos a San Miguel por primera vez, alguien que no conocíamos se nos acercó para decirnos que estaba agradecido porque nuestro padre le había enseñado a él y a otros trabajadores del beneficio de arroz a leer y escribir. De camino a casa después de trabajar en la escuela, se detenía en el beneficio para reunirse con los trabajadores y enseñarles cosas básicas como esta.
Pati
Durante esas décadas, por todo El Salvador, los maestros se organizaban a través del sindicato ANDES 21 de junio para exigir cambios: pensiones para los maestros y maestras, educación gratuita para los y las estudiantes. A lo largo de la década de 1970 – el apogeo del movimiento laboral de El Salvador – Efraín e Iris se unieron a las huelgas, marchas y reuniones de los maestros, muchas veces acompañados por sus hijos. Estas fueron las acciones laborales que lograron establecer las garantías básicas de las que el gremio aún goza hoy.
En San Miguel, su casa siempre fue un refugio para los maestros que necesitaban alojamiento temporal . Muchos conversaban sobre la represión gubernamental y las luchas sociales. Algunos hablaban de los peligros que esto implicaba.
Recuerdo cuando se fundó la BPR, hubo una actividad que duró toda la noche y mi papá nos llevó a todos, el ambiente era como de carnaval, la gente cantaba y celebraba, recuerdo la felicidad en el rostro de mi papá; al mismo tiempo, había un miedo latente de que nos pudieran atacar, estábamos a pocas cuadras de la sede de la policía nacional.
Fresia
Parte 2: La desaparición
“Fue su mayor fortaleza y también su peor debilidad, porque no podía cerrar los ojos ante la injusticia”.
Fresia
En la década de 1970, Efraín iba escalando dentro de la jerarquía del sindicato hasta convertirse en miembro del consejo ejecutivo nacional del sindicato ANDES 21 de junio. Asistía a más reuniones y tenía más responsabilidades.
Al mismo tiempo, la familia comenzaba a escuchar de asesinatos de personas conocidas, o intentos de asesinato. Maestros, trabajadores, personas queridas por la familia Arévalo Ibarra estaban comenzando a sufrir represalias por organizarse o protestar en contra de la injusticia. Una maestra y compañera de trabajo, Matilde, fue detenida y luego liberada, pero contó que, durante su interrogatorio, le habían preguntado por Efraín.
Las tensiones aumentaban.
Se realizaban velorios para las personas que habían sido torturadas y asesinadas.
Era una época de creciente peligro, pero para muchos también era tiempo de profundizar el compromiso, porque la gente estaba cansada de la injusticia y creía que las cosas tenían que cambiar. Eran conscientes de los riesgos.
Iris y Efraín les instruían a sus hijos a no contar información sobre la familia a extraños.
El sereno de nuestro barrio nos contó que la policía venía constantemente a preguntar por mi papá. Él siempre inventaba alguna excusa, pero cada vez era más difícil.
"Le preguntaban qué horario tenía, cómo se veía. Lo mismo pasaba en la tienda de enfrente.
Pati
Después, cuando íbamos en el bus, él se sentaba separado de nosotros, en caso de que la camioneta pasara por algún retén y él fuera detenido, para que no nos llevaran a nosotros también.
Pati
En el fondo, él sabía.
Fresia
Deep down, he knew.
Línea de tiempo
Octubre de 1977 El hijo de Efraín, Paín, desaparece.
El hijo mayor de Efraín, también llamado Efraín, pero de apodo “Paín”, desapareció.
Paín era un activista estudiantil y fue detenido durante una manifestación. Nadie sabía a dónde lo habían llevado, pero Efraín e Iris, como muchos otros familiares de desaparecidos en todo el país, lo buscaban por todas partes, visitando cuarteles, hospitales, y morgues. No aparecía en ningún lugar de San Miguel, por lo que Efraín viajó a la capital a buscar a su hijo ahí.
6 de noviembre de 1977 Efraín desaparece.
Mientras buscaba a su hijo, Efraín pasó la noche del sábado 5 de noviembre en casa de su hermano Esteban en San Salvador. A la mañana siguiente, el 6 de Noviembre, salió para reunirse con unos familiares, pero nunca llegó.
Sería el último día que un familiar viera a Efraín.
Al día siguiente, lunes, lo esperaban en una reunión del sindicato ANDES.
En San Miguel, la familia solo se enteró de lo que había sucedido cuando recibieron un telegrama informándoles que Efraín nunca llegó a la reunión de ANDES.
Recuerdo la escena en la casa cuando llegó el telegrama: mi hermana mayor gritando, mi abuela llorando, mi mamá con la cara muy pálida. Mi hermana pequeña y yo no llorábamos, solo mirábamos.
Fresia
Unos días después, la familia se enteró de que la Guardia Nacional había ido a dejar a Paín, casi muerto, en el Hospital Rosales. Decían que lo habían encontrado borracho en la calle. Pero en realidad, lo habían detenido en su cuartel, donde lo torturaron brutalmente.
El hermano de Efraín, Esteban, lo rescató del hospital y se lo llevó de regreso a casa en San Miguel. Su hermana recuerda que estaba hecho “puros huesitos”, con quemaduras de cigarrillos por todo el cuerpo; lo habían dejado tan gravemente herido que no podía bañarse ni alimentarse solo. Pero su mamá, Iris, lo bañaba, lo alimentaba, y lo cuidaba hasta que Paín recuperó la salud. Mientras se recuperaba, pensaba en su padre, todavía desaparecido, y se imaginaba que a él también lo podría haber llevado la Guardia Nacional.
Al reflexionar sobre la tortura que acababa de sobrevivir, Paín les advertía a su madre y a sus hermanas, “mi papá no va a soportar eso”.
El domingo 27 de noviembre de 1977, el arzobispo Óscar Romero, el sacerdote tan querido que se volvió cada vez más crítico de la violencia estatal en el país, menciona en su homilía a Iris, la tortura de su hijo Paín y la desaparición de su esposo, Efraín.
En la misma homilía, anuncia la formación de COMADRES, un grupo de madres y familiares de presos políticos desaparecidos y/o encarcelados en El Salvador.
Transcripción completa de la homilía del 27 de noviembre de 1977
La búsqueda de Efraín.
Conforme se sanaba su hijo, Iris empezó a buscar a su marido. Era incansable. Fue a todas partes: a los juzgados, para ver si se habían presentado cargos contra él. A todas las cárceles y cuarteles. A todas las organizaciones, en San Miguel, en San Salvador, en todo el país.
A lo largo de 1978, 79 y 80, ella, junto con Rosa, la madre de Efraín, nunca dejaron de buscarlo, de hablar sobre él, de hacer todo lo posible para encontrarlo o para reclutar la ayuda de personas influyentes que pudieran encontrarlo. Iris recorrió todo el país con este propósito. Fue a reuniones de COMADRES en San Salvador. Visitó a la madre del entonces presidente Carlos Humberto Romero en Chalatenango.
Un día, fue a reunirse con una mujer que era pariente del Coronel Jose Eduardo Iraheta Castellon entonces Vice Ministro de Defensa y Segurida Publica; Iris quería preguntarle si podía conseguirle una cita para hablar con el coronel, porque era posible que supiera algo sobre Efraín. Muchas veces Iris iba acompañada de su hija menor en estas visitas, y esta vez la preparó antes de ir: “si la señora dice que no puede ayudarnos, quiero que vos le hablés y le digás que necesitas a tu padre”, le dijo.
La mujer dijo que no podía ponerlas en contacto con el coronel. La hija de Iris, Zenia, aún recuerda haber hablado como su mamá le había dicho. Ahora la mujer asintió, y les dio una carta escrita a mano para llevar a donde el coronel.
Con esa carta de su pariente, fueron a reunirse con el coronel Iraheta en el Palacio Presidencial.
Pero fue en vano.
Iris sacó un anuncio en el periódico para buscar a su marido.
“DESAPARECIDO. El profesor Efraín Arévalo Rivas [El periódico se equivocó en el segundo apellido de Efraín], ha desaparecido de su hogar desde el 6 de noviembre. Su esposa e hijos, residentes en la Colonia 21 de Noviembre de San Miguel, esperan información de su paradero”.
El sindicato de profesores publicó un anuncio similar, exigiendo la libertad de Efraín junto a su compañero sindicalista desaparecido, Manuel Alberto Rivera.
Noviembre de 1978 Un año desde la desaparición de Efraín.
En el aniversario de la desaparición de Efraín, el Arzobispo Óscar Romero lo mencionó nuevamente en su homilía. Romero pidió la liberación de todos los presos políticos, diciendo:
“Allá en Argentina se dijo una frase muy bonita: ‘Una Navidad sin presos políticos.’ Hoy cumplen dos años de desaparecidos Lil Milagro Ramírez, Manuel Alberto Rivera Vázquez, capturados por la Guardia Nacional el 26 de noviembre de 1976. También cumplen un año de desaparecidos el profesor Efraín Arévalo Ibarra y el jornalero Alfredo Mendoza; y llegan noticias de abusos en Cinquera. Por esto hermanos y hermanas, alzamos la voz de libertad: ‘Una Navidad sin presos políticos”.
La búsqueda continúa.
Iris se ponía en contacto con organizaciones internacionales. Amnistía Internacional mencionó a Efraín en sus boletines. La embajada de Estados Unidos en San Salvador recibió consultas en su nombre.
Pero nadie tenía respuestas.
Con el tiempo, Iris misma comenzó a recibir amenazas. El peligro parecía cada vez más cerca. A finales de 1979, Iris se mudó con sus hijas a San Salvador. Paín se quedó en San Miguel, donde estudiaba en la universidad.
Este dossier de Amnistía Internacional de 1978 publica nombres de personas detenidas y desaparecidas por la Guardia Nacional y la Policía Nacional de El Salvador.
Entre los nombres que aparecen está el de Efraín.
El documento muestra la gran cantidad de trabajadores, estudiantes, maestros y campesinos que fueron victimizados por el gobierno salvadoreño durante esta etapa.
El domingo 26 de noviembre de 1978, en su homilía, Mons. Romero vuelve a hacer referencia a la familia Arévalo Ibarra, señalando la desaparición de Efraín.
“Mientras tanto, yo invito a todas las fuerzas nobles de El Salvador a que reaccionen. Y fíjense lo que pido: la libertad de quienes están sufriendo injustamente; que sean puestos a los tribunales para que se les juzgue o que se les dé libertad. También, en El Salvador, queremos hacer una Navidad sin estas torturas y tormentos de las cárceles secretas”.
Transcripción completa de la homilía del 26 de noviembre de 1977
En 1978, mientras estaba desaparecido, Efraín ganó un premio de magisterio.
Como se explica en el recorte de periódico arriba, Iris decidió aceptar el premio en nombre de su esposo, aprovechando el evento para exigir su liberación y unirse a quienes defendían los derechos de los docentes.
La Embajada de Estados Unidos en San Salvador recibía preguntas sobre el paradero de Efraín de personas que habían escuchado de su desaparición en Estados Unidos.
Pero no les daba ninguna información.
Este telegrama desclasificado de 1979 de la Embajada de Estados Unidos en San Salvador al Secretario de Estado en Washington DC, titulado “Continúa la ola de asesinatos”, demuestra los peligros que enfrentaban los maestros sindicalistas en ese entonces.
El documento resume los asesinatos de integrantes del sindicato ANDES 21 de junio; cuenta que hasta veinticuatro miembros del sindicato fueron asesinados en sólo cuatro meses.
1980 Paín es detenido y asesinado.
En marzo de 1980, apenas unos meses después de que su mamá y hermanas se habían ido a San Salvador, Paín fue detenido en una protesta. Esta vez fue asesinado.
Una vez más, Monseñor Romero mencionó a la familia Arévalo Ibarra, compartiendo la terrible noticia de la muerte de Paín en una homilía. Fue justo una semana antes de que el mismo Arzobispo fuera asesinado dando misa el 24 de marzo de 1980.
Monseñor Romero cita a Iris hablando de la muerte de su hijo, en su homilía del 16 de marzo de 1980. Una semana después Monseñor Romero fue asesinado.
“Fue localizado el cadáver de José Efraín Arévalo Cuéllar [también conocido como Paín], quien había sido capturado el 9 de marzo en San Miguel; tenía señales de tortura, era hijo del profesor Efraín Arévalo Ibarra, desaparecido político de hace dos años. Aquí tengo la carta de su mamá, viuda del profesor Ibarra, que también es muy conocida y con tanta tristeza me dice que, así como lloró a su esposo, hoy está llorando también a su hijo. ‘El sábado 9 fue capturado por la Guardia Nacional, a las 4:45 de la tarde, detrás de la iglesia del Calvario, en San Miguel, y fue conducido al cuartel de la misma, permaneciendo durante todo ese tiempo en manos de ellos, hasta que el miércoles 13, del mismo mes, apareció asesinado. En espera de que usted haga suyo mi dolor, le anticipo mi agradecimiento’. Hagan suyo su dolor, hermanos, es nuestro dolor”.
Transcripción completa de la homilía del 16 de marzo de 1980
Construyendo una nueva vida en San Salvador.
Para Iris y sus tres hijas, construir una nueva vida en San Salvador fue extremadamente difícil. La familia se mudó muchas veces, cambiando de un apartamento alquilado a otro. El país había estallado en una guerra civil a gran escala y todas las noches se escuchaban bombas y explosiones en la ciudad. Aparecían cuerpos desnudos y decapitados en la calle, víctimas no identificadas.
Recuerdo que en San Salvador alguien me preguntó ‘¿Eres pariente de Efraín Arévalo?’ Y yo le dije que no. No usábamos su apellido. No nos avergonzábamos de él, pero teníamos que ocultar quiénes éramos.
Pati
Siempre habían rumores. La gente a veces decía ‘Efraín debe haber estado involucrado en algo’, o que tal vez se había escapado con la guerrilla, o había abandonado a nuestra familia, o algo así. Pero mamá siempre decía que eso no era verdad, estaba segura que él nunca los abandonó. Ella estaba decidida. Nunca se rindió.
Zenia
Los tiempos eran sumamente difíciles, pero Iris era resiliente. Consiguió trabajo y encontró la manera de conseguir un préstamo para comprar una casa propia.
El tiempo pasó.
Los hijos crecieron.
Nacieron nietos.
Durante años, la familia siguió viviendo bajo el terror de la guerra. De noche, el sonido de los tiroteos reverberaba en la capital; volaban rumores de masacres en todo el país, aunque sólo los periódicos internacionales cubrían esas noticias.
1992
Los Acuerdos de Paz de Chapultepec se firmaron el 16 de enero de 1992, poniendo fin a los doce años del conflicto armado salvadoreño.
Iris aún guardaba esperanzas de que Efraín apareciera, o de que por lo menos se conocieran noticias de su destino, pero el silencio oficial continuaba.
Pensé que tal vez empezarían a abrir las cárceles y lo encontrarían. No sé si realmente lo creía probable, pero tenía una vaga esperanza.
Zenia
Hasta el día de hoy, no ha habido ninguna investigación judicial sobre el destino de las miles de personas que, como Efraín Arévalo Ibarra, fueron desaparecidas forzosamente durante el conflicto en El Salvador.
Parte 3: Si los documentos pudieran hablar
En 2012, el Comité de Presos Políticos de El Salvador (COPPES), un grupo de sobrevivientes de la tortura que habían sido encarcelados por razones políticas durante la guerra, pidió a los investigadores del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Washington que reunieran información de los archivos del gobierno estadounidense sobre los abusos que habían sufrido, por los que nunca habían recibido justicia. Dado que Estados Unidos proporcionaba armamento, capacitación y apoyo, incluidos más de cinco mil millones de dólares de ayuda, a la guerra contrainsurgente del gobierno salvadoreño, las instituciones estadounidenses tenían documentos detallados sobre los acontecimientos de la guerra. Como el gobierno salvadoreño se negaba a abrir sus archivos sobre esa etapa, los archivos estadounidenses del Departamento de Estado, el Departamento de Defensa y la Agencia Central de Inteligencia podrían ofrecer una alternativa.
Sin embargo, la mayoría de estos documentos siguen siendo clasificados, incluso hoy.
Desde el 2012, los investigadores del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Washington han presentado más de 700 solicitudes bajo la Ley de Libertad de Información ante siete agencias gubernamentales estadounidenses diferentes, buscando la desclasificación de archivos que podrían arrojar luz sobre los acontecimientos que ocurrieron hace décadas en El Salvador. El objetivo de este esfuerzo es brindar respuestas a las personas que aún luchan por la verdad, justicia y la reparación, como es su derecho.
Encontrando el rastro de Efraín
Un día de 2022, los investigadores de la Universidad de Washington descubrieron algo impactante cuando les fue desclasificado un documento de la CIA con fecha del 23 de enero de 1979. El documento, que se muestra a continuación, describe la ejecución extrajudicial de Efraín Arévalo Ibarra y otros tres presos políticos.
Este documento de la CIA dice que Efraín Arévalo Ibarra, junto con Manuel Alberto Rivera, Carlos Antonio Madriz Martínez, y Lil Milagro Ramírez Huezo fueron asesinados por el teniente José Antonio Castillo y el sargento Miguel Antonio Ramírez Mejicanos, por órdenes del general Alfredo Alvarenga, director general de la Guardia Nacional Salvadoreña.
El escrito también menciona que Amnistía Internacional había abogado por él: “ha habido un gran interés, tanto local como internacional, en el paradero de Arévalo”, escribió la CIA.
Sin embargo, durante más de cuatro décadas, el gobierno estadounidense guardó silencio sobre las circunstancias de su muerte.
Durante todo este tiempo, esta información se le ocultó a su familia.
Cuando los investigadores de la UW recibieron el documento, sabían que tenían que compartirlo con las familias de las personas mencionadas, pero no sabían cómo. Se pusieron en contacto con CONABUSQUEDA, una oficina del gobierno salvadoreño para las familias de los desaparecidos, y CONABUSQUEDA llamó a la familia de Efraín.
Al recibir este documento, la familia se enteró por primera vez que Efraín fue asesinado en el cuartel de la Guardia Nacional, más de un año después de su detención inicial.
La noticia fue impactante para la familia. Iris había muerto en 1995, pero sus hijos y nietos se reunieron de inmediato para tratar de digerir la noticia del documento recién desclasificado de la CIA. Entre ellos figuraba también Renán, un hijo que Efraín había tenido con otra mujer y que sus hijas solo conocieron después de la guerra. En esas primeras y dolorosas conversaciones, decidieron realizar un servicio para conmemorar la vida de Efraín Arévalo. Como todavía no sabían dónde yace su cuerpo, planearon el servicio en el muro conmemorativo del Parque Cuscatlán, construido para brindarles a familias como la suya un lugar donde recordar a sus muertos.
El servicio fue dirigido por los nietos de Efraín. En un ensayo fotográfico de El Faro que cubría el servicio, el yerno de Efraín, Mario Orellana, compartió: “Mientras él esté en nuestra memoria, siempre será parte de la historia. Hacemos esto como familia para exigir justicia por todos aquellos crímenes y violaciones a derechos humanos. Para que no se repitan ni aquí ni en ningún otro lugar, porque los derechos humanos se respetan”.
Una de sus hijas, Zenia, describió su experiencia:
Creo que, además de cuando murió mi madre, el dolor más grande que he sentido fue cuando leí [en el documento de la CIA] los nombres de los asesinos de mi padre, leer que estuvo detenido por la Guardia Nacional pero nos lo negaron, leer que estuvo un año detenido pero ‘desapareció’ con al menos otros tres presos políticos que también están nombrados en el documento, y que Amnistía Internacional lo hizo público porque mi madre, mi abuela, Tutela Legal y Monseñor Romero lo denunciaron.
…Pero [organizamos y realizamos el servicio conmemorativo y] finalmente pudimos decir ‘Querido padre, no nos equivocamos, pasaste un año sufriendo mientras te buscábamos, mientras tu esposa y tu madre hacían todo lo que podían, arriesgándose mucho en tiempos de represión, Iris Idalia siempre tocando puertas. Nosotros, tus hijos, crecimos sin ti, sin el cuidado y el apoyo de nuestro padre, con la angustia de no saber dónde estaban tus restos, solo con los recuerdos y a veces los sueños que nos llegaban por las noches. No es fácil, es una herida tierna que nunca cicatrizó. Pero tus hijos y tus nietos, todos tus descendientes, hoy ratificamos que fuiste secuestrado, desaparecido, robado, pero también que tu sacrificio no fue en vano, fue real. Hoy podemos empezar a sanar, porque hoy, Papá, sabemos que estás en ese lugar al que van las personas que lucharon por un mundo mejor, un lugar para las almas buenas y nobles: el cielo.
Zenia
Cuando Efraín Arévalo Ibarra exigía educación para los pobres de su país, sabía los riesgos que corría al hablar. Pero estaba tan comprometido con la justicia que estaba dispuesto a correr esos riesgos. Al fin y al cabo, fue víctima de un crimen impensable –la desaparición forzada– pero su legado es mucho más que su victimización. Efraín fue un hombre que enfrentó el peligro y aun así siguió adelante con sus compromisos.
Su legado de valentía y honor sigue vivo.