La guinda de mayo

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Élida relata como sobrevivió la Guinda de Mayo de 1982 caminando generalmente por las noches para no ser descubiertos por el ejército.

Testimoniante:

Transcription

Luego se viene el otro operativo que fue ya en mayo del '82 que fue la guinda de mayo, cuando nos dijeron: “Miren, compañeros, en este momento les avisamos que viene un operativo fuerte. Vámonos”. Entonces, nosotros pensábamos que iba a suceder igual, verdad, que nos vinimos del Portillo, nos vinimos de Rama Caída… pero que allí íbamos a estar estables, verdad, que solamente nos salimos de allá y, venimos aquí. Pero, ese operativo sí fue más fuerte. Eran 14,000 efectivos, según dicen, porque cercaron toda la parte de aquí del Sumpul para acá… toda esa parte, bueno, estaban más allá, verdad. Cuando nosotros salimos de Rama Caída, salímos, íbamos con rumbo allá Los Amates, a la salida, ahí íbamos por el lado del Portillo Norte. Estábamos en Los Amates, habían aliñado una vaca, estábamos haciendo una sopa, asando carne ahí para darle a los niños, porque nos daban un pedacito, no era un gran pedazo, si no que un pedacito nada más para darle a los niños, para nosotros no. Entonces cuando escuchamos los tiros que nos hicieron, allí habíamos en Los Amates más de mil personas. Entonces, cuando salimos de allí, habían, yo no los vi, bueno, vi nada más que unos heridos que estaban allí en una puerta y decían compitas “no nos dejen, no nos dejen. María no, nos deja, María Chichilco” pero, eran unos heridos que estaban allí, no podían caminar, nosotros íbamos cargados también con el niño… entonces no podíamos ayudarles. Entonces salimos y llegamos al Sumpul, nosotros pasamos, nos pasaron en un cayuco, sobre el agua porque el río estaba crecido entonces, cuando ya cuando veníamos de regreso el río estaba crecido, había llovido, no podíamos esperar, los helicópteros encima y nosotros pasándonos del río. Mi esposo se puso al niño aquí y yo, guindada de él con mi mochila con todo lo que andaba y casi no topábamos el agua, empinados porque yo sentía que aquí me caía el agua del Sumpul. Alguna gente se ahogó, dicen ahí, pero nosotros logramos pasar debajo de esa aviación que estaban tirando también. En una lisura, estaba liso demasiado...los caminos que habían ahí. Unos salían por un lado, otros por otro… fue un desparpajo que hubo ahí y me hace recordar de un momento que estuvimos ahí, en un lugar, pasamos como unos ocho días, quizás, de un lado a otro, caminábamos en la noche, en el día, pero cada día más el ejército iba cerrando ese anillo militar y nos iba cercando más. Habíamos un grupo de como unas 100 personas, habíamos ahí entre mujeres y hombres que estábamos en un bosque y nos dijeron “miren, en este momento –nos dijo el coordinador que andaba con nosotros– sálvese quien pueda. Yo me voy, pero aquí ya no podemos hacer nada. Aquí no podemos andar en grupo, nadie. Aquí sálvese quien pueda, yo me voy.” Entonces él se fue y nos dejó y nosotros salimos… oíamos los tiros allá, aquí y por todos lados. Entonces, mi esposo, otro primo mío y la señora… la hermana de Rosa; Santos, la Luisa, las dos hermanas de ella se quedaron con nosotros… “nosotros nos vamos a ir con ustedes, pero vamos decididas a dar lo que nos toque.” Caminamos toda esa noche y bueno, yo perdí mi zapato, ah, cargaba vejigas así en los pies. Era muy difícil. El siguiente día fue… difícil para nosotros… fue lo más duro para nosotros el siguiente día. Luego, después, salimos de ahí… y bueno, llegamos a un lugar que no teníamos, ya qué comer. El ejército… nosotros pasamos… unos tres días en un resguardo, que solo escuchábamos que pasaban los helicópteros, pasaban y pasaban y… no veíamos si se iban o no, pero al final, quizás, estaban retirándolos ya, nosotros después decidimos salir de ahí y nos fuimos, saliendo, salimos con un fuerte paludismo y tuvimos que salir para Mesa Grande, Honduras.