{"id":3452,"date":"2013-11-06T06:26:33","date_gmt":"2013-11-06T14:26:33","guid":{"rendered":"https:\/\/unfinishedsentences.org\/historia\/"},"modified":"2024-10-28T16:10:38","modified_gmt":"2024-10-28T23:10:38","slug":"historia","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/unfinishedsentences.org\/es\/historia\/","title":{"rendered":"Historia"},"content":{"rendered":"<p>El conflicto armado que azot\u00f3 a El Salvador tiene ra\u00edces profundas en la historia econ\u00f3mica y pol\u00edtica del pa\u00eds; entender los or\u00edgenes de este per\u00edodo violento resulta fundamental para enfrentar su legado. Las diversas actividades econ\u00f3micas que se han llevado a cabo en el pa\u00eds han generado grandes riquezas. Sin embargo, a lo largo de varios siglos s\u00f3lo un peque\u00f1o segmento de la poblaci\u00f3n ha mantenido el control de los recursos nacionales y la gran mayor\u00eda del pueblo salvadore\u00f1o ha tenido que soportar una dura pobreza. Aunque a lo largo de la historia se hayan suscitado intentos por modificar este sistema tan excluyente, muchos de los esfuerzos por impulsar cambios y reformas han sido acallados a trav\u00e9s de la represi\u00f3n y la violencia.<\/p>\n<p>Un caso emblem\u00e1tico de ese patr\u00f3n fue el de 1932. Cuando el l\u00edder sindicalista Farabundo Mart\u00ed lider\u00f3 un alzamiento campesino en el occidente, la respuesta estatal fue rauda y sangrienta: dentro de pocas semanas, se estima que unos 30.000 campesinos fueron muertos a manos del ej\u00e9rcito salvadore\u00f1o y de milicias convocadas para aplacar el levantamiento. Muchas de las v\u00edctimas no tuvieron nada que ver con el primer alzamiento. Pero la reacci\u00f3n del Estado no se trat\u00f3 tanto de identificar a los rebeldes como de aterrorizar a los campesinos, particularmente a aquellos de ascendencia ind\u00edgena, y de aplacarlos hasta la sumisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Ese patr\u00f3n \u2013 de protestas masivas y de consecuentes reacciones de violencia abrumadora \u2013 persisti\u00f3 durante las d\u00e9cadas venideras. Si bien desde el estado se plantearon algunas reformas que buscaron evitar la expansi\u00f3n de ideolog\u00edas de izquierda, eso se altern\u00f3 con una represi\u00f3n brutal contra cualquiera que se atreviera a alzar la voz por las injusticias que se estaban viviendo. En medio de un clima de golpes militares y elecciones fraudulentas, en el cual las personas eran r\u00e1pidamente etiquetadas de \u201csubversivas\u201d por el simple hecho de expresar su opini\u00f3n, algunos grupos se fueron convenciendo de que el \u00fanico camino hacia el cambio ten\u00eda que ser la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los movimientos guerrilleros izquierdistas comenzaron su desarrollo a principios de la d\u00e9cada del setenta, y algunos de ellos financiaron sus actividades por medio de secuestros. Al mismo tiempo, comenz\u00f3 a formarse una red cada vez m\u00e1s asertiva de escuadrones de la muerte derechistas que entre las sombras se coordinaba con el ej\u00e9rcito y las fuerzas de seguridad para hacer \u201cdesaparecer\u201d, torturar, y ejecutar a cualquiera que pareciera simpatizar con la izquierda. A medida que se expandi\u00f3 el terror se esparci\u00f3 tambi\u00e9n un movimiento de resistencia. Poco a poco, comenzaron a darse demostraciones a lo largo del pa\u00eds para denunciar la violencia estatal y exigir reformas democr\u00e1ticas. Sin embargo, la \u00e9lite recalcitrante percibi\u00f3 estos hechos como una se\u00f1al de que la \u201csubversi\u00f3n\u201d se propagaba, por lo cual consider\u00f3 necesario comenzar a aplacar con mano m\u00e1s dura todas las libertades civiles.<\/p>\n<p>A medida que aumentaba el revuelo pol\u00edtico y se profundizaba el miedo en la sociedad salvadore\u00f1a, el asesinato del Arzobispo \u00d3scar Romero en marzo de 1980 vino a indicar el descenso irreversible del pa\u00eds hacia una guerra. En su rol de pastor venerado y defensor de los grupos m\u00e1s despose\u00eddos, Romero hab\u00eda expresado opiniones cada vez m\u00e1s cr\u00edticas de la violencia estatal, dirigi\u00e9ndose directamente al ej\u00e9rcito y a las fuerzas de seguridad en su \u00faltimo serm\u00f3n, con estas hoy tan conocidas palabras: \u201cEn nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada d\u00eda m\u00e1s tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno, en nombre de Dios: \u00a1Cese la represi\u00f3n!\u201d Al d\u00eda siguiente Romero fue asesinado mientras oficiaba una misa. En su funeral, hubo francotiradores que abrieron fuego contra las miles de personas que llegaron a despedirlo a las calles. Con este hecho se daba rienda suelta a una violencia sin precedentes.<\/p>\n<p>En enero de 1981, cinco grupos revolucionarios alineados bajo un \u00fanico estandarte, el del Frente Farabundo Mart\u00ed de Liberaci\u00f3n Nacional (FMLN), lanzaron una ofensiva mayor para intentar derrocar al gobierno. Aunque el ataque no tuvo \u00e9xito, en poco tiempo el gobierno estadounidense del reci\u00e9n electo Presidente Ronald Reagan decidi\u00f3 ampliar la ayuda econ\u00f3mica proporcionada al asediado gobierno salvadore\u00f1o. Reagan transform\u00f3 esta pr\u00e1ctica en la piedra angular de su pol\u00edtica exterior durante la Guerra Fr\u00eda; as\u00ed comenz\u00f3 a definir los conflictos en Centroam\u00e9rica como una amenaza para Estados Unidos y a destinar miles de millones de d\u00f3lares para apoyar a las dictaduras de la regi\u00f3n, pese a tener evidencia que estos gobiernos asesinaban a civiles de manera sistem\u00e1tica.<\/p>\n<p>Esto \u00faltimo no pudo manifestarse m\u00e1s claramente en El Salvador, donde la masacre de cientos de personas no combatientes en diciembre de 1981 en El Mozote a manos de un batall\u00f3n entrenado por Estados Unidos sirve como ejemplo, entre muchos otros, de las t\u00e1cticas de \u201ctierra arrasada\u201d utilizadas por las fuerzas estatales salvadore\u00f1as y sus aliados. Estas campa\u00f1as no s\u00f3lo buscaban la eliminaci\u00f3n de guerrilleros, sino tambi\u00e9n despejar regiones enteras pobladas de civiles que pudieran brindarles apoyo; as\u00ed, el ej\u00e9rcito elimin\u00f3 comunidades enteras, a su paso quemando casas, destruyendo cultivos, e incluso asesinando ganado. En zonas urbanas, los blancos de la violencia fueron estudiantes, profesores, sindicalistas, periodistas, o cualquier persona que se considerara sospechosa de estar afiliada con grupos sociales reformistas. Fueron asesinados sacerdotes, monjas, y catequistas laicos, y dentro de esos cr\u00edmenes se cuenta el conocido caso de cuatro religiosas estadounidenses en 1980 y el de los seis sacerdotes Jesuitas, su colaboradora y su hija en 1989.<\/p>\n<p>Las fuerzas del FMLN tambi\u00e9n tuvieron responsabilidad en el asesinato de personas no combatientes. Cuando la guerra lleg\u00f3 a su fin el a\u00f1o 1992, una Comisi\u00f3n de Verdad de las Naciones Unidas investig\u00f3 los cr\u00edmenes cometidos por ambas partes, y entre sus hallazgos se encontr\u00f3 que el FMLN ejecut\u00f3 a oficiales del ej\u00e9rcito que se ubicaban en zonas de guerra y que sembr\u00f3 minas antipersonales, provocando la muerte de personas civiles. Sin embargo, la gran mayor\u00eda de los cr\u00edmenes cometidos durante la guerra \u2013 sobre el 90%, seg\u00fan estimaciones de la Comisi\u00f3n de la Verdad \u2013 fueron cometidos por fuerzas estatales y por los escuadrones de la muerte que se alinearon con ellas. La Comisi\u00f3n calcul\u00f3 que alrededor de 75.000 personas murieron en el conflicto, la gran mayor\u00eda de ellas a manos de su propio gobierno.<\/p>\n<p>Sin embargo, solamente cinco d\u00edas despu\u00e9s que estas conclusiones fueran publicadas, la Asamblea Legislativa de El Salvador aprob\u00f3 una Ley de Amnist\u00eda para prevenir el enjuiciamiento de los responsables. Producto de esa ley, y hasta el d\u00eda de hoy, no se ha responsabilizado a ning\u00fan individuo por ordenar las atrocidades cometidas. Muchos salvadore\u00f1os siguen buscando informaci\u00f3n sobre el paradero de sus seres queridos, intentando recuperar sus restos para darles digna sepultura, o luchando para poder honrar su memoria sin miedo de sufrir represalias o recriminaci\u00f3n. Los l\u00edderes de ambas partes involucradas en el conflicto han buscado esconder sus cr\u00edmenes debajo de la alfombra; las autoridades han dispuesto que las v\u00edctimas olviden el pasado. Sin embargo, como lo demuestra la larga historia del pa\u00eds, todos los intentos por alcanzar la estabilidad mediante la imposici\u00f3n del silencio no han logrado resultados duraderos.<\/p>\n<p>Y en este momento, las cosas est\u00e1n comenzando a cambiar.<\/p>\n<p>En septiembre de 2013 la Fiscal\u00eda General de la Rep\u00fablica anunci\u00f3 por primera vez que abrir\u00e1 investigaciones criminales sobre la masacre de El Mozote, y posiblemente sobre 32 masacres m\u00e1s ocurridas durante la guerra. Y en julio de 2016, la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de ese pa\u00eds declar\u00f3\u00a0inconstitucional la Ley de Amnist\u00eda y recomend\u00f3 la apertura de investigaciones de casos de graves violaciones a los derechos humanos cometidos por las fuerzas del gobierno y de la guerrilla. \u00c9stas son se\u00f1ales importantes que revelan una democracia en funcionamiento. Sin embargo, para un pa\u00eds que nunca ha examinado su pasado de manera sistem\u00e1tica ni ha buscado responsabilizar a aquellos que ejecutaron cr\u00edmenes de lesa humanidad a escala masiva, \u00e9ste resulta ser un proceso contencioso.<\/p>\n<p><a name=\"rol-eu\"><\/a>Asimismo, es un proceso que requiere del apoyo de la comunidad internacional. En resumidas cuentas, las heridas provocadas por la guerra en El Salvador fueron tambi\u00e9n infligidas a trav\u00e9s de un proceso profundamente internacional. Fueron los d\u00f3lares recaudados a trav\u00e9s de impuestos a ciudadanos estadounidenses los que compraron las balas, echaron combustible a los aviones, y capacitaron a los entrenadores. Ahora es el momento para que la comunidad internacional se coloque del lado de la justicia y apoye a las salvadore\u00f1as y salvadore\u00f1os valientes en su demanda por los derechos humanos tras la huella de la tragedia humana.<\/p>\n<h1>El Rol de EE.UU.<\/h1>\n<p>Durante gran parte del siglo XX, El Salvador recibi\u00f3 poca atenci\u00f3n por parte del gobierno de Estados Unidos, pero esta situaci\u00f3n cambi\u00f3 repentinamente en la d\u00e9cada de los ochenta. En 1979, el movimiento izquierdista de los sandinistas en Nicaragua derroc\u00f3 al dictador Anastasio Somoza, quien era considerado un aliado de Estados Unidos. Con el surgimiento de grupos revolucionarios en El Salvador, Estados Unidos comenz\u00f3 a temer que se produjeran acontecimientos similares en ese pa\u00eds. Durante los 12 a\u00f1os que dur\u00f3 la guerra civil en El Salvador, Estados Unidos canaliz\u00f3 m\u00e1s de US$5 mil millones de ayuda econ\u00f3mica al gobierno salvadore\u00f1o para apoyar la lucha contra la insurgencia y particip\u00f3 activamente en el entrenamiento de las Fuerzas Armadas salvadore\u00f1as.<\/p>\n<p>El gobierno del Presidente Carter busc\u00f3 mantener a los grupos insurgentes al margen del poder a trav\u00e9s de su apoyo a un gobierno salvadore\u00f1o moderado. Luego del derrocamiento del dictador General Carlos Romero, el gobierno de Estados Unidos ampli\u00f3 la ayuda econ\u00f3mica a El Salvador, que ahora iba dirigida a la nueva junta gobernante, integrada por pol\u00edticos civiles y oficiales militares.<\/p>\n<p>La represi\u00f3n a manos del nuevo gobierno aument\u00f3 r\u00e1pidamente, por lo que aumentaron tambi\u00e9n las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos que se produc\u00edan de manera generalizada. En febrero de 1980, el Arzobispo \u00d3scar Romero escribi\u00f3 y dirigi\u00f3 una carta abierta al Presidente Carter solicit\u00e1ndole que suspendiera la asistencia militar de Estados Unidos a El Salvador. A pesar de este esfuerzo, el a\u00f1o 1980 dio inicio a un per\u00edodo en que la ayuda militar de Estados Unidos ir\u00eda en continuo aumento.<\/p>\n<p>En diversas ocasiones, la administraci\u00f3n de Carter adopt\u00f3 posturas contradictorias. Por un lado, Carter se esforz\u00f3 por promover los derechos humanos, pero por otro, ante la preocupaci\u00f3n de una posible victoria de los grupos revolucionarios, su gobierno continu\u00f3 apoyando a la nueva junta, a pesar de saberse abiertamente que \u00e9sta violaba los derechos humanos. Despu\u00e9s del asesinato de cuatro religiosas estadounidenses en El Salvador en diciembre de 1980, el Presidente Carter suspendi\u00f3 toda la asistencia econ\u00f3mica que entregaba a El Salvador, pero cuando la junta acord\u00f3 nombrar a un nuevo l\u00edder civil, Carter decidi\u00f3 restablecer dicha asistencia. Al mes siguiente, que fue el \u00faltimo de su mandato, Carter otorg\u00f3 al gobierno salvadore\u00f1o US$5,5 millones de ayuda de emergencia en respuesta a una ofensiva de la insurgencia\u2014ello a pesar del escaso avance que hab\u00eda tenido la investigaci\u00f3n por el asesinato de las religiosas.<\/p>\n<p>La toma de posesi\u00f3n del Presidente Ronald Reagan marc\u00f3 un cambio en la pol\u00edtica estadounidense hacia El Salvador. Reagan y su gabinete criticaban abiertamente la pol\u00edtica que Carter hab\u00eda implementado en Am\u00e9rica Latina, y aduc\u00edan que el ex mandatario no hab\u00eda hecho lo suficiente para detener la expansi\u00f3n del comunismo en la regi\u00f3n. La administraci\u00f3n de Reagan percib\u00eda a El Salvador como un campo de batalla de la Guerra Fr\u00eda, y por eso deseaba lograr una victoria militar sobre la guerrilla a como diera lugar. En los primeros meses de su gobierno, Reagan envi\u00f3 al gobierno de El Salvador US$20 millones en asistencia militar de emergencia e increment\u00f3 la presencia de personal militar estadounidense en el pa\u00eds.<\/p>\n<p>Al inicio del primer mandato del Presidente Reagan, el congreso aprob\u00f3 un proyecto de ley que pon\u00eda la siguiente condici\u00f3n para continuar con la ayuda econ\u00f3mica: el presidente deb\u00eda presentar certificaciones peri\u00f3dicas sobre los avances en materia de derechos humanos en El Salvador. A menudo las evaluaciones presentadas por Reagan minimizaban los abusos de derechos humanos o ignoraban por completo la responsabilidad que el gobierno ten\u00eda sobre estas violaciones. La primera certificaci\u00f3n de Reagan lleg\u00f3 al d\u00eda despu\u00e9s de que se publicaran informes sobre la masacre de El Mozote en la prensa estadounidense. Cuando el congreso reaccion\u00f3 furiosamente a esta informaci\u00f3n, Reagan envi\u00f3 a Thomas Enders, el Subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, a comparecer ante distintos subcomit\u00e9s del congreso. Enders explic\u00f3 que luego de haber realizado investigaciones, la embajada de Estados Unidos en El Salvador hab\u00eda determinado que no exist\u00edan pruebas suficientes para demostrar que hab\u00eda ocurrido una masacre. La historia y la evidencia proporcionada por cables enviados por miembros del gobierno estadounidense demuestran que los funcionarios de la embajada nunca estuvieron en El Mozote, sino que apenas sobrevolaron esa zona en helic\u00f3ptero.<\/p>\n<p>En ciertas ocasiones, el gobierno de Reagan logr\u00f3 ejercer la presi\u00f3n suficiente sobre el gobierno salvadore\u00f1o para que \u00e9ste mejorara su historial de derechos humanos . En diciembre de 1983, tras la insistencia del congreso estadounidense, Reagan envi\u00f3 al Vicepresidente Bush a El Salvador para abordar el problema que significaba el aumento de la violencia a manos de los escuadrones de la muerte. Bush se reuni\u00f3 con altos oficiales militares salvadore\u00f1os, solicitando el retiro de varios l\u00edderes clave de los escuadrones de la muerte. Como resultado de estas conversaciones, tres oficiales fueron reasignados a cargos diplom\u00e1ticos y otros fueron destituidos por completo. Durante los meses que siguieron la visita de Bush, El Salvador pareci\u00f3 experimentar una baja en la violencia generada por escuadrones de la muerte. No obstante, al poco tiempo las ejecuciones extrajudiciales comenzaron a aumentar nuevamente.<\/p>\n<p>El Presidente George H. W. Bush asumi\u00f3 la presidencia al momento que la Guerra Fr\u00eda llegaba a su final. Es probable que la pol\u00edtica exterior hacia Am\u00e9rica Latina de Bush se haya basado menos en criterios ideol\u00f3gicos que la pol\u00edtica de Reagan debido a esa coyuntura hist\u00f3rica. A diferencia de su predecesor, Bush mostr\u00f3 estar abierto a buscar una salida pol\u00edtica, y no s\u00f3lo militar, a la crisis en El Salvador.<\/p>\n<p>El asesinato de seis sacerdotes jesuitas y de su empleada dom\u00e9stica marc\u00f3 un hito importante para la pol\u00edtica estadounidense en El Salvador, reci\u00e9n cuando comenzaba la presidencia de Bush. El congreso design\u00f3 a un grupo de trabajo especial, dirigido por el Representante Joe Moakley, para viajar a El Salvador e investigar los asesinatos. Aunque el congreso decidi\u00f3 no restringir inmediatamente la ayuda econ\u00f3mica, s\u00ed advirti\u00f3 al gobierno salvadore\u00f1o que cualquier apoyo futuro peligraba si no se tomaban las medidas adecuadas para responsabilizar a los autores de este crimen.<\/p>\n<p>Debido al retraso de las investigaciones sobre el caso jesuitas, el congreso estadounidense comenz\u00f3 a imponer medidas m\u00e1s estrictas sobre la ayuda econ\u00f3mica y a exigirle participaci\u00f3n al gobierno salvadore\u00f1o en las conversaciones de paz con los grupos revolucionarios. Aunque en un principio el mismo gobierno estadounidense se mostr\u00f3 reticente ante dichas conversaciones, con el tiempo \u00e9ste se convertir\u00eda en propulsor de las conversaciones de paz facilitadas por la ONU. Fue finalmente en 1992 que se logr\u00f3 firmar un acuerdo de paz que puso fin al conflicto armado en El Salvador.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de terminada la guerra civil, El Salvador volvi\u00f3 a ser s\u00f3lo una preocupaci\u00f3n menor para la pol\u00edtica exterior de Estados Unidos. Sin embargo, quedan pendientes muchas preguntas sobre el rol que jug\u00f3 Estados Unidos en las violaciones a los derechos humanos ocurridas en El Salvador. En 1993, el Presidente Clinton decidi\u00f3 publicar 12.000 documentos desclasificados relacionados a la participaci\u00f3n de Estados Unidos en ese pa\u00eds. Estos documentos indican que hubo muchas instancias en las cuales el gobierno estadounidense tuvo mayor conocimiento sobre las violaciones de derechos humanos del que reconoci\u00f3 en su momento.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El conflicto armado que azot\u00f3 a El Salvador tiene ra\u00edces profundas en la historia econ\u00f3mica y pol\u00edtica del pa\u00eds; entender los or\u00edgenes de este per\u00edodo violento resulta fundamental para enfrentar su legado. Las diversas actividades econ\u00f3micas que se han llevado a cabo en el pa\u00eds han generado grandes riquezas. 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